viernes, 15 de diciembre de 2017

Recuerdos De Mi Hermano Cristián.




Recuerdos de Cristián.

 

De izquierda a derecha, Patricio, German, Fernando y Cristian del Sol Guzman.

Su despedida fue muy triste y muy bonita.
El día estaba helado como la muerte
y el sol radiante no calentaba.

Me sentí orgulloso de mi familia tan diversa,
donde todos tienen lugar y un rol que jugar
y, a la hora de los quiubos, estamos juntos.

El cura dijo algo que sentí
que mi madre me lo decía a mí:
“María no arrancó de la Cruz…
estuvo junto a su hijo muerto”.

Tal vez yo arranco de la cruz,
de la muerte de un hermano
tan querido y cercano como Cristián,
pero en realidad no arranco sino
de las fiestas con mucha chimuchina.

Sin embargo, en el duro entierro de Cristián
entendí el sentido de la familia larga
-incluidos hijos, sobrinos, y nietos-
que promovían mi madre y mi abuela.

El cura celebró que Cristián,
se riera de sí mismo
y de las cosas de la vida que,
vistas con humor,
casi nunca son tan terribles.

Cuando éramos chicos, el papá decidió
dividir la parte de atrás del jardín
de la casa de Américo Vespucio 406,
en tres “fundos”: uno para Antonio,
uno para Cristián, y uno para mí.

Antonio y yo hicimos un huerto.
Cristián hizo una piscina… de barro

Le conté a un amigo del colegio,
Y como casi nadie tenía una
vino entusiasmado,
le advertí que era muy baja…
pero se subió a un palto,
se tiró, y se sacó la mugre.

Cuando éramos más grandes,
lo llamaban muchas niñas.
El teléfono estaba en el hall
y se oía todo lo que hablaba.
Cristián decía: “Aló, ¿con quién hablo?
 Ah! Hola!..... no, no, gracias. Chao”
Con envidia le discutía, “pero Cristián,
¿por qué no aceptas cuando te invitan!?
yo le diría que sí a todas”,
 pero el decía “Porque me da lata”.

Era regalón, y se dejaba querer.
La mamá llegaba a la pieza
donde dormimos juntos por más de 21 años…
y la ropa de Cristián
estaba siempre tirada.
Ella la recogía, la guardaba y le decía:
“Pobre Cristián, usted  no tiene nada.
Mañana vamos a ir a comprarle ropa”.
“Y  a mí?”, decía yo que era ordenado.
“Usted tiene de todo”, me contestaba.

Entendí que nada inspira más ternura
a las mujeres, incluidas las mamás,
que un hombre que sabe pedir ayuda.

Pero Cristián se tomaba en serio sus valores:
la  bondad (que tal vez sea la única cualidad
que nos hace mejores) y la generosidad
(que nos hace más humanos).
Cristián era bueno y generoso.
Hacía el bien sin mirar a quién.
Y se ocupaba de los demás,
tanto o más que de sí mismo.

Le gustaba el trabajo bien hecho
y valoraba a sus colaboradores
más que cualquier negocio.

Siendo su socio
vi que era un jefe respetado pero querido.
Una combinación difícil de lograr
para un líder con carácter.
Tal vez, porque intentaba ser justo
y trataba a todos de igual a igual.

Tenía claro quién era él y lo que le gustaba.
A lo que no le gustaba, le decía chao.

Me cuesta escribir de él ahora.

No soy portavoz de mis hermanos;
cada uno tiene voz propia, distinta y valiosa.

Solo quiero rendir un homenaje
al privilegio de haber querido a Cristián toda su vida….

Puedo decir sin exagerar que sólo me trajo alegría,
No sólo porque decía que había que vivir feliz,
sino también vivir con un sentido.
Y si el sentido de la vida es el amor,
él la vivió plenamente.

Un abrazo,

Germán del Sol

16 de Julio de 2017

Las Sombras Son Fruto De La Luz





















Solo podemos ver sombras
cuando hay luz..

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Un Sencillo Homenaje a Margarita Serrano.


Cuando tenía 15 años,
fui invitado con mi papa y mi mamá
por la Margarita Serrano Pérez,
a la Hacienda Los Remolinos,
en la Estación General Cruz,
a orillas del río Itata,
un campo de su papa, el "Taita", 
don Horacio Serrano Palma,
poeta sabio, preciso
corto y profundo,
como una estocada,
o la caricia de una ráfaga.

Era un maestro,
-no un maestro como hoy:
Cuando dicen "viene un maestro",
el que viene es un gasfiter o un electricista-
sino un maestro espiritual
que conocía el Oriente,
que en los años 60 era tan seductor 
como es ahora la inteligencia artificial.

Quiero compartir contigo,
esta experiencia tan bella
que he atesorado en mi corazón, 
porque nuestro deber es vivir
como si nunca fuéramos a morir,
vivir felices,
o sencillamente vivir,
sin apegos desordenados
por los que uno quiere,
desea, o tiene.

Para mi lo mas bonito
y permanente de la visita
a la Margarita en Los Remolinos
tal vez sea aquel lugar irrepetible
-iba a decir irreductible-
donde el fruto de los cuidados
no eran más, sino menos 
cosas,

donde la falta de las cosas esperadas
hacía aparecer los bienes inesperados:
así quizá, faltaba la luz eléctrica
para que pudiera haber proximidad,
conversación, 
y noches oscuras estrelladas,
para que el centro fuera la vela,
titubeante, y no la certeza de al luz:
como dice Jorge Teillier,
a veces hay que apagar la luz
para tener conciencia de la luz.
A veces hay perderte Margarita
para hacerte nuestra.
Porque como dice Borges:

"También es nuestro,
lo que hemos perdido....
...Sólo es nuestro, 
lo que hemos perdido". 

el agua caliente,
la leche, o el pan, 
todavía tenían relación con su origen 
en el horno de leña,
la vaca parida, 
o en el fuego que el Taita prendía 
cada mañana debajo de un tambor
para calentar el agua, y luego el, 
y los demás gritaban a su turno 
"me voy a duchar", para ducharse 
tranquilamente desnudo.

Esto me recuerda que una vez 
en la casa de José Cruz Ovalle, 
Alberto Cruz, nos gritó:
"Encierrense en el baño,
que voy a hacer pipí en el jardín"...

El campo en Los Remolinos,
parecía salvaje, inculto,
un poco abandonado a su suerte,

porque quizá el fervor no se enseña tanto
haciendo producir un campo,
como haciendo fervorosamente
hasta lo mas sencillo
que nos toca hacer
para que adquiera un sentido
en la existencia.

Dios nos dio a la Margarita,
y como dice Isak Dinesen,
después se acordó y se la llevó.

Tal vez nunca fue nuestra.
La amistad es un amor sereno,
que sobrevive sin un beso,
ni una lagrima, ni una flor.

La amistad es un amor en potencia.
"Un fusil que esta ahí descargado,
es mucho mas que un fusil,
recién disparado" dijo alguien...

En los años 60 en el correo de Algarrobo,
recibí una carta de la Margarita
-el sobre tenía un membrete con vacas negras-
con un poema que decía algo asi como,

"Ella me miró y me dijo:
estoy sola y se hace tarde,
y ya se que no me quieres,
¿No te parece bastante?

 Su voz era como el humo
que en vez de subir se deshace,
su mirada una lagrima
que en vez de mirar, llorase.

Me miró, y no supe bien
que contestarle,
y me quedó su lamento,
¿No te parece bastante?

Desde entonces vago a veces
por los caminos del parque,
estoy sola, 
no tengo quien me quiera
y se hace tarde,
¿No te parece bastante?

Hasta pronto Margarita!



Germán 





Constable

martes, 28 de noviembre de 2017

Crecer, Crecer, Crecer, Como Dinosaurios.

Mi tan querida,
linda preciosa.

Eres,
una mujer dulce
que inspira ternura.
Y en las malas exigente
como mi madre,
mi abuela, y yo mismo:
los que no estamos contentos
con el mínimo.
Una familia verde oliva:

“Tu no tienes la culpa mi amor,
de que el mundo sea tan feo”,
dice la canción de Manu Chao.
Tu no tienes la culpa,
De que seamos así,
exigentes, y mateos.

Nadie tiene la culpa.
Y si alguien la tiene
la tengo yo, no tú.
¿Cómo reconocernos?
¿Cómo aceptarnos?
Y esperar que nada
sea perfecto.
Ni mucho menos.

Imagínate que Dios
mandó a su hijo.
Y lo mataron.
Los mismos hombres que él creó,
lo rechazaron;
Y él, todopoderoso,
sigue esperando
que lo quieran.
Como cualquiera de nosotros.
Como un ser humano.

No solo como humano.
Porque la vida es la consecuencia
del amor o de la inteligencia;
o de la belleza de la materia,
que apenas se junta busca modos
de ponerse de acuerdo y organizarse,
y a punta de fracasos
y de fallar en un 99 por ciento
de los intentos,
una vez por ciento tiene éxito y crece….

Pero su naturaleza es crecer
y después morir.
para dejar que otras vidas
se sucedan.

Porque la vida no es
un acontecimiento individual
como enseñan los católicos:
una tabla de salvación
uno por uno.

Sino un camino como una posta,
donde el palo
lo tiene un rato cada uno.

No existe una vida humana
cuyo destino, su éxito,
y su fracaso sean suyos.

La vida personal de cada uno
es un fata morgana:
un espejismo:
nadie alcanza su plenitud,
ni fracasa, solo.

Lo que nos falta ahora no es crecer,
sino madurar.

Madurar significa parar de crecer
y no depender de ningún factor externo.

Crecer, crecer y crecer
es lo que hicieron los dinosaurios.
Hasta que el cuerpo les quedo grande
el cerebro chico,
y la comida escasa.
Los únicos sobrevivientes
Fueron los ratones.









Telares de la cultura Wari, que en Aymará significa vicuña.


Aquí, además de mejorar la vida,
ha crecido sobretodo la codicia.
Y la pobreza, que más que no tener nada,
es tener siempre menos de lo que se
nos ofrece y se nos hace desear;
La promoción inmoral de la envidia,
y el torpe deseo de ser más que los demás.
Lo que justifica el robo general,
que para peor, empieza por arriba.

A mi juicio,
La gente está cabreada y reclama,
porque la sociedad de consumo
no cumplió con su promesa implícita,
de que junto con el crecimiento del dinero
Iba a llegar la felicidad,
con televisión a color,
lavadora y  secadora,
el auto –era lo principal-
y los computadores, los I Phones, la internet.
Y el Facebook e  Instagram,
para vivir en función de las apariencias,
no de que lo que uno vive,
sino de que los otros sepan.

Y ahora viene la domótica….
para estar en todas partes a la vez,

Y la inteligencia artificial.
Como si pudiera haber una inteligencia
que fuera artificial: la inteligencia,
es la capacidad de comprender
lo que no se sabe,
lo imprevisible, lo absurdo,
el más allá que desde el más acá
no se puede imaginar:
para eso está el arte,
que como dice Picasso,
“es una mentira
que es capaz de revelar una verdad”

La inteligencia es el arte
de arriesgarse y elegir a veces,
caminos que no son los más convenientes.
¿Cómo podría una computadora arriesgarse?
¿Tener intuición?, o mas importante,
¿dejarse llevar por la compasión?
¿Cómo podría fallar, darse cuenta más tarde,
corregir y comprender algo nuevo de eso?
¿Cómo podría saltarse los pasos
y tomar por intuición un atajo?

Y los hijos hechos a nuestro antojo,
para que no sean feos como me dijo
la abuela de un niño con Síndrome de Down.

Y los robots que van a reemplazarnos a todos,

¿De que serviría vivir, sino hay vida?
Los católicos creen que Dios se hizo hombre;
¿es que ahora creemos que los hombres
se van a convertir en dioses?

Me temo que te di la lata.
Y que no vas a leer este cuento,
que se me ocurrió leyendo
una entrevista a un empresario,
en La Tercera del Domingo pasado.

Es demasiado simple:
sabe mucho de lo que sabe,
pero confunde su interés con la filosofía,
que es el arte común de vivir bien.

Le deseo que haga plata,
y que deje que los filósofos
y los artistas piensen en lo demás.

“Donde hay belleza,
No puede haber utilidad”,
dice Miguel Angel, (un gran Italiano)

Un abrazo querida mia,

German